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sábado, 4 de septiembre de 2010

AE

¿Como fué que me llegue a enamorar de la chica mas fácil de la escuela? No es mi culpa. Al principio —cuando aún no sabía de su fama— ella solía ser muy tierna conmigo. Me enamoré de ella por dos razónes. Por un lado, teníamos tantas cosas en común que a veces me preguntaba si no eramos la misma persona en dos cuerpos diferentes. Y por otro lado creo que simplemente soy muy enamoradizo —algunas miradas coquetas, un par de palabras bonitas y ¡zaz! me enredo en las relaciones.

Pero esa fiesta fué mi desgracia. Un fin de semana de febrero fué el día que nació mi otro yo. El dia en que una sola persona se convirtió en dos diferentes. Creo que ahora debo celebrar mi cumpleaños dos veces.

Era de madrugada y casi todo mundo estaba ebrio —porque nignuna fiesta se puede preciar de tal si no se alarga hasta la madrugada cuando todo mundo esta demasiado pasado como para conducir— y la música repetitiva de antro sonaba en toda la casa. Todo mundo estaba bailando —y algunos hacían otra cosa que no se le puede llamar bailar. A la chica que me gustaba, se le subió el furor de la fiesta. Poco a poco, su baile se fué retorciendo hasta que se convirtió en una especie de lambada moderna. Comenzó a insinuarse a la mitad de los chicos que estaban en la fiesta (menos a mi). Y la mitad de las chicas solo la miraban con la boca abierta.

Decidí ir a sentarme. No quería que una chiquilla me arruinara la fiesta/findesemana. Tomé una soda del refigerador y me senté en el sillón a pensar. Junto a mí se sentó la chica más popular de la escuela. Yo la ignoré y me concentré en olvidar lo que acababa de ver en la pista de baile.

Pronto, su mejor amiga llego corriendo y se sentó entre nosotros.

—¡A qué no adivinas quien acaba de entrar al cuarto de masajes!— dijo la chica.

Su amiga de pronto comenzó a interesarse por lo que le acababan de decir.

—¿¡Quien!?— preguntó curiosa.

Su interlocutora abrio la boca para hablar pero mi cerebro bloqueó los sonidos. La chica a mi lado la miró asombrada.

Fué en ese preciso instante cuando nació mi otro yo. Aunque no lo supe hasta el lunes siguiente cuando todo el mundo en el colegio comenzó a hablar de la fiesta —malditas lagunas mentales.

Según los rumores, en la fiesta comencé a llorar frente a todo mundo aunque nadie me hizo demasiado caso pues creyeron que estaba ebrio. Lo único a lo que pusieron atención fue a las palabras que pronunciaba entre sollozos: “¿Esque porque es así conmigo? ¿Porque si apenas la conozco tiene el descaro de romperme el corazón?”  Nadie supo de quien hablaba, pero yo supe exactamente lo que había sucedido.

Al parecer, ese otro yo que nació en la fiesta era un chico muy cursi y co-dependiente. Se lamentaba por que la chica fácil había fajado con media fiesta menos con él. Éra un debilucho emocional que no sabía cuando algo había terminado y era tiempo de seguir adelante.

Pero yo seguí mi vida. Coquetée con cuanta chava se me puso en frente y hasta llegue a tener un par de novias —al mismo tiempo. Él seguía enamorado, y yo aprovechaba cualquier tiempo que teníamos a solas para regañarlo/animarlo:

“—Deberías aprender un poco de mí— le decía yo.
—No gracias— me contestaba.
—Mira, ¿porque no te me unes? Te puedo presentar a una chica mucho mas linda que esa zorra—.
—¿Porque no me entiendes? No quiero a ninguna otra chica. Ni aunque sea mas linda que ella— replicaba él.
—Bueno, tu te lo pierdes—.

Al principio era divertido para mí tener alguien con quien platicar a donde quiera que fuera. Pero pasados unos meses, esto de la doble personalidad comenzó a complicarse. Mis aventuras amorosas comenzaron a mezclarse con sus lamentos en voz alta:

Yo: Te quiero mucho, nena.
Ella: Ay, eres tan lindo.
Yo: La extraño ¿sabes?
Ella: ¿A quién?
Yo: A . . .
Ella: ¿A esa zorra?
Yo: ¿A cuál zorra?
Ella: Pero si me acabas de decir que...
Yo: Perdoname mi vida, estoy muy distraído.
Ella: . . .

Y masomenos así termiaron mis tres noviazgos paralelos: Por culpa de mi alter-ego.

Exnovios

Ahí estaba yo, con mi mano en sus pechos. No puedo negar que una parte de mí deseaba quedarse así para siempre; pero la otra (la racional) sabía que esto estaba mal. Por respeto a la chica que tenía delante de mi, baje mi brazo y quité mi mano de su pecho. Ella respondió tomando ahora ambas manos y poniendolas de nuevos en sus pechos. ¿Que pretendía esta niña? ¿Obligarme a que tuvieramos un faje?

Desde el primer momento se me hizo algo extraño en ella. En la preparatoria no tenía fama de ser tan fácil y durante los seis meses que anduvimos nunca se me insinuó como lo estaba haciendo en ese momento. ¿Que había cambiado en ella?

Tuvimos una relación muy intima pero muy respetuosa (nada de fajes ni insinuaciones) era en parte algo que me gustaba de ella: se daba a respetar. Fué una epoca de mi vida que al mismo tiempo fue grandiosa pero difícil. De hecho, creo que la parte más difícil fue cuando terminamos.
Pero éso fue hace más de tres meses, y me costó todo ese tiempo para recuperarme y poder aceptar que lo nuestro había terminado —al principió hacía hasta lo imposible para que regresaramos. Pero ahora que yo ya había seguido adelante y encontrado a otra niña linda que me quería —aunque no estaba seguro que fuera ella exactamente lo que yo quería— regresa mi exnovia a insinuarseme. ¿Que significa todo esto?

Ella me mira directamente a los ojos sin apartar sus manos de las mías mientras las aprisiona entre sus pechos y sus manos. Viene en serio. Espero, un silencio largo e incomodo en el que intento zafarme de sus manos. Pero es tan difícil que simplemente me rindo y la miro. Se ve tan linda a la luz de la luna.

—Vuelve conmigo— dice finalmente con voz queda.
Yo no contesto, mi expresión seria. Ella de repente afloja sus manos de las mías pero sin retirarlas completamente. Yo las tomo y entrelazo nuestros dedos. Luego las paso por detras de mi cadera y la abrazo. Es un abrazo puro y largo, sin una sola palabra.  Luego le murmuro algo al oído.
.
—Nada me haría mas feliz—.
Y puedo sentir cómo ella sonríe por encima de mi hombro.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Im Single Lets Mingle

He touches her back and I'm supposed to be jelaous but I'm not and I realize its because I'm happy and I'm single. An suddenly, he gets angry cuz he was doing it just to make me mad and it didnt worked.

When I look at her she's suddenly sad to realize his boyfriend intentions and I am so not comforting her, because now I'm only looking after myself.

martes, 26 de enero de 2010

Mi Nueva Mejor Amiga

Salgo del local con el estuche de mi guitarra en una mano y el amplificador en la otra. La sesión de hoy había sido ardua. Tres horas de ensayo y 5 canciones para tocar. El baterista había llegado media hora tarde y mis compañeros ya están pensando despedirlo. Hasta ahora se han abstenido por lo difícil que es conseguir uno estos días. Yo siempre he dicho que la mejor banda es la que tiene un bataco como líder. Así el puede despedir y conseguir guitarristas a lo bruto sin que haya mayor problema.

Bajo la transitada calle viendo a los carros ir y venir por la avenida. Uno o dos ejecutivos bien vestidos se me quedan viendo a través de los vidrios de sus carros del año. La gente como yo siempre atrae la atención. Ninguna persona “normal” puede ver a un chico con los pantalones entubados, unos converse sucios, una chaqueta de mezclilla y pines por todos lados, sin pensar que es un rebelde. La gente moderna suele perderse en prejuicios.

Aún la gente como nosotros seguimos nuestras propias reglas. Y más yo, siendo Straight Edge, solo tomo lo bueno de las cosas. Definitivamente nada de alcohol ni mucho menos drogas. Vivo al margen de la ley y respetando a mi prójimo. Creo que es por eso que me he ganado a mis suegros.

Llego a mi departamento donde vivo desde hace dos años que mis padres me enviaron a estudiar acá. Abro el cancél, subo las escaleras y abro la puerta de mi pequeño espacio.

Vivo en un pequeño apartamento de una sola habitación. De hecho mi habitación es también mi cocina, mi sala y mi comedor. Solo una pequeña pared de tablaroca y una puerta separan mi baño y mi closet. La decoración la escogí yo, quería un cuarto completamente urbano y a la moda. Posters de los Rolling Stones, Jimmy Hendrix y Patty Smith por todos lados. Copias de pinturas de Warhol, placas de carros y casetes. Y en una esquina un estéreo con algunos discos de vinillo.

Me dirijo directamente a la cama, y después de prender el estéreo me recuesto mirando el techo.

Comienzo a pensar en Arlette, la niña mas linda de todo el mundo. Suelo pensar en ella casi siempre. Recuerdo todas las cosas lindas que hemos pasado, los paseos interminables por el parque, las peliculas del cine, las tocadas en las que me ha apoyado. Su sonrisa, su cuello, su piel, y sus labios cubiertos de gloss sabor naranja. Pero sobre todo, sus grandes ojos cafés. Esos ojos que me hacen sentir como si me hubiera tragado una pastilla de LSD.

Las vigas comienzan a moverse, como si estuviera temblando, pero yo no siento nada en la cama. Cierro los ojos tratando de evitar este sentimiento de nauseas, pero solo hace que me duelan. Ahora trato de abrirlos y no veo absolutamente nada. Me siento en la cama y espero a que se me pase.

De pronto me dan muchisimas ganas de dormir. Veo el reloj y al darme cuenta de que aun falta mucho para la fiesta decido dormir un rato. Un bien merecido descanso antes de alistarme para esta noche. Solo 15 minutos.

Cierro los ojos y el frió refrescante de mi cuarto me arrulla.

“—Me alegra que hayas podido venir.
Me volteo y me encuentro con esos grandes ojos cafés que tanto amo. Arlette esta vestida con un vestido verde bellisimo.
—Lo que sea por la cumpleañera.—Me acerco, la abrazo y luego la beso. Sus labios se sienten pegajosos. Sus manos frías.
—Otra vez te pusiste gloss ¿Verdad?
—¿Como sabes?
—Por que sabes a naranja.”

Un pitido insoportable me despierta. Ya es hora de arreglarme. De pronto me doy cuenta de lo que acaba de pasar: soñé con Arlette. Sonrío inevitablemente y me levanto de la cama aun un poco modorro. Espero que el agua de la regadera me despierte completamente.

Menos de media hora después ya estoy en la fiesta. Las odiosas canciones de reggaeton hacen eco hasta la esquina de la calle. Muchachos desfilan por fuera con vasos de plástico y cigarros en la mano. En estas situaciones es cuando me alegro de saber abstenerme y no consumir alcohol.

Entro por la gran puerta que parece la de una cochera y miro hacia adentro. Hay mucha gente y parece que no conozco a nadie. Timidamente me voy metiendo y me siento solo en una mesa. Después de algunos incómodos minutos llega la cumpleañera y me saluda.

—Hola. Pensé que no ibas a venir.
—Ya ves.— Sonrío.
De pronto mi conversación se ve interrumpida por el padre de mi amiga que se acerca y le dice algo al oído.

—Tengo que irme. Platica con alguien.
—Lo intentaré créeme.

Otra vez vuelvo a mi incomoda situación. Veo un mesero pasar y le pido un soda sin hielos. Nervioso tomo algunos cacahuates del centro de mi mesa y miro alrededor mientras los mastico. Parece ser una fiesta en la que no encajo. Menores de edad tomando y fumando por aquí y por allá. Presumiendo que ya son lo suficientemente maduros como para hacerlo. Que estupidez.

Siento algunas miradas sobre mí y luego de un rato un grupo de chicas en vestidos de varios colores se acercan y se sientan junto a mí.

—¿Por que tan sólo?— pregunta una de vestido escarlata. La mas cercana a mí.
—Pues es que no conozco a nadie— respondo.
—Bueno pues ahora ya nos conoces a nosotras.
—Casi.
—¿Por que lo dices?
—Pues, no sé sus nombres— digo mientras lanzo una mirada nerviosa a cada una de las tres.
—Bueno, yo soy Cintia,— señala a una chica con vestido rosado—ella es Brenda, y ella es Fernanda.

Fernanda trae un vestido morado claro, del mismo color de la túnica de un rey. Las tres parecen ser muy unidas, de ese tipo de chicas que van a todos lados juntas.

Veo como un chico se levanta de una mesa llena de hombres y toca el hombro de Brenda, le susurra algo al oído y ambos salen del local.

—Ash, otra vez Jorge— dice Fernanda con un tono de fastidio.
—¿Que pasa con él?— pregunto yo.
—Es muy celoso, no se por que Brenda no lo termina.
—De hecho, ya van como 3 veces que terminan. Pero siempre él la termina a ella. De hecho creo que ya no eran novios.— dice Cintia.
—¿Entonces por que vino y se la llevo?— vuelvo a preguntar, curioso.
—Ni idea la verdad.— Cintia parece un poco molesta.

En eso Brenda vuelve a entrar al local, llorando. Sus amigas no pierden el tiempo y le preguntan inmediatamente que pasó.

—Me terminó— responde Brenda entre sollozos.
—Ay, no te preocupes, luego se va a arrepentir y vendrá rogando como siempre lo hace— dice Cintia.
—No lo creo, dijo que esta vez es para siempre.— Brenda parece a punto de soltarse a llorar.

De pronto llega el mesero con mi soda, y mis compañeras le piden una cerveza cada una, todas menos Brenda, quien le pide una soda igual que yo.

Después de unos minutos de consolar a la niña del vestido rosado, su exnovio entra en el local abrazado de una chica, lo que provoca mas sollozos en la niña.

—Vamos afuera — dice Cintia con la intención de que Brenda se tranquilice. Los cuatro caminamos juntos fuera del local, y nos sentamos en una banca.

Yo soy el primero en hablar.
—Hay muchos otros peces en el mar— digo para consolar a Brenda.
—A que te refieres?— pregunta ella, mirándome con sus ojos llenos de lagrimas.
—Que si el no supo apreciarte como la niña tan linda que eres, hay alguien allí afuera que seguramente lo hará.

Brenda sonríe.
Cintia da un trago a su cerveza mientras mira a la calle. Comienza a platicar con Lili sobre la escuela, y yo empiezo una conversación muy interesante con Brenda.

Brenda es una niña muy simpática; tenemos muchisimas cosas en común. Creo que estoy empezando a gustarle, pero yo tengo novia, y jamás la engañaría. Creo que lo mejor es que no le comente nada sobre ella, no quiero herir sus sentimientos.

—Oye
—¿Si?
—Tienes algo en el ojo...

Su rostro comienza a acercase al mio, y sus ojos no dejan de mirarme. De pronto, en un movimiento brusco, Brenda me planta un beso en la boca. Al principio lo disfruto, pero después de un momento reacciono y me separo de ella. Sus amigas solo nos observan extrañadas. Brenda sonríe.
¡No puede ser! ¿Que rayos le voy a decir a mi novia? No le puedo ocultar algo así ¿o si?

Cubro mi boca como si hubiera acabado de insultar a mi madre. De pronto solo salgo corriendo y me voy a mi casa, sin dar una explicación.

Una vez en mi departamento, me decido a llamar a mi novia. Busco en el marcado rápido, presiono el numero 5 y espero. Me responde esa voz dulce y adorable.

—Mañana tengo que hablar contigo muy seriamente. ¿En donde nos vemos?
De pronto, su voz deja de ser tierna y adquiere un tono de preocupación.
—¿Sucede algo? ¿No me lo puedes decir por teléfono?
—No, tengo que hacerlo en persona. Es algo muy delicado.
—Bueno, ven mañana a mi casa a la hora de comer.
—Muy bien hasta luego.
—Te Quier...
Cuelgo antes de que ella siquiera pueda acabar su oración.

Respiro hondo y me acuesto. Esta será una noche muy larga.

A la mañana siguiente me levante desayune y cuando fue hora, me dirigí a casa de Arlette. Armándome de valor con cada paso. Creo que hoy será el día mas difícil de mi vida.

Camino allá, comienzo a pensar las cosas y preguntarme si en realidad era necesario lo que iba a hacer. Alette confía en mi y me perdonará sin pensarlo dos veces; el problema es si yo estoy dispuesto a perdonarme. Si lo hubiera hecho ella, la perdonaría una y mil veces, pero hacerlo conmigo es diferente. Fue algo que yo no planeé y no quise hasta que comenzó a suceder. Además, como sé que no se repetirá en el futuro y tenga que pasar por lo mismo otra vez.

Llego a la esquina de su casa y mi corazón comienza a palpitar bruscamente. Observo la calle que ya me es familiar. Pienso por ultima vez lo que voy a hacer, y me dirijo a su puerta. Toco el timbre y espero.

Pocos segundos después su hermanita me abre la puerta.

—Esta tu hermana?— le digo.
Ella solo se dedica a asentir y vuelve a entrar a la casa. Después de unos segundos, ella sale a mi encuentro.

—Puedes salir a dar un paseo? Creo que esto sera un poco largo de explicar.—le digo.
—Si, solo deja pedir permiso— dice y se asoma a su casa.
Susurra algo a su madre, asiente y nos ponemos en camino.

Las primeras cuadras son un poco incomodas, ninguno de los dos nos atrevemos a hablar. Yo sigo mirando mis pies y con las manos en los bolsillos. Ella simplemente me dedica miradas nerviosas de vez en cuando.

—¿Y, como te fue en la fiesta?— me pregunta.
—Precisamente de eso vengo a hablarte— digo un poco aliviado de que halla comenzado la conversación de esa manera.
—¿Paso algo? ¿Por que querías hablar conmigo de...—
—Besé a otra chica— digo interrumpiéndola.
—¿Como que besaste a otra chica?— Arlette me mira extrañada.
—Te puse el cuerno, si quieres ponerlo de esa forma.—Mi mirada sigue en mis pies mientras camino.

Arlette se detiene en seco. Me detengo también pero sin voltear a verla.

—Explicame como pasó.— Me ordena.
—No necesitas saber.—
—¡Claro que necesito saber! ¡Eres mi novio!—Alette comienza a hacer ademanes con las manos en señal de desesperación.
—Pues tal vez es mejor que dejemos de serlo— digo seriamente y me alejo caminando, dejándola atrás. Ni siquiera me atrevo a voltear.

Arlette se queda tan estupefacta por mi reacción, que ni siquiera intenta detenerme. Después de que me alejo de su colonia, las lagrimas comienzan a brotar. Ruedan por mis mejillas como nunca antes. ¡Lo peor de todo es que yo soy el responsable!

. . .

Ya han pasado varios días desde que hablé con Alette. No me ha llamado y creo que es mejor así. Aun siento remordimiento de conciencia por romperle el corazón, pero yo no podría seguir en una relación como esa. Tampoco he hablado con Brenda.

He cumplido oficialmente 2 días sin salir de mi cuarto. Mi madre se mudo conmigo por que le preocupaba mi situación. Dice que debería salir aunque sea a que me de el aire, pero la posibilidad de encontrarme con alguna de ellas me mantiene encerrado. Ni yo mismo sé como terminaría esto.

—Creo que alguien te busca en la puerta— dice mi madre.
—Dile que no estoy.—
—¿A ambas?—

¿Ambas? ¿Quienes son ambas? Miro por la ventana y veo a dos chicas muy bien abrigadas en la puerta de mi casa. La lluvia asoma por mi ventana y se encarga de crear una escena melancólica. Eran ambas Brenda y Arlette. Mi madre abre la puerta, habla con ellas y veo como recibe una carta de Arlette. Luego las veo partir y los pasos de mi madre subiendo las escaleras me sacan lo ultimo que me queda de lagrimas.

Mi madre entra en el apartamento y me entrega la carta sin decir nada. Luego se pone a cocinar.

Miro la hoja blanca toda empapada. Es una carta de ambas. Comienzo a leerla:




Venía rumbo a tu casa cuando me encontré a mi vieja amiga Brenda. Platicando nos dimos cuenta de que ambas veníamos a verte. Y también de lo que sucedió. Me contó sobre lo que sucedió en la fiesta, y así pude ver la historia desde tu punto de vista.


Le conté de lo que me dijiste hace unos días. Brenda me dijo que no sabía que eras mi novio. Se disculpó conmigo y contigo por su comportamiento en la fiesta. Y se lamentó de que hubiéramos terminado. Créeme que yo también me lamento.


Quiero que sepas que yo no quería terminar contigo, para mí siempre serás mi novio, y no quiero que algo así termine con nuestra relación.


Nos vamos, y esperamos que pronto quieras salir.


Por siempre tu novia:
Arlette


jueves, 29 de octubre de 2009

Se Busca Gato

De preferencia hembra. Tiene que ser elegante, divertida, cariñosa e higiénica. Tiene que saber compartir una buena cena, y querer a los críos. Si es nacida bajo el signo Aries que mejor. Me gustan las nacidas en abril, como yo. Tiene que tener el pelo sedoso, ganas de vivir conmigo y destreza para cazar ratones (Aunque no sé que rayos tienen que ver entre sí estas tres cosas). No importa que no sea pura, aprendo a querer igual a una princesa que a una muchacha sencilla. Tiene que saber besar, y moverse de manera sexy. Ávida de caricias y deseos de acompañar a un chico muy solo. Aclaración: Se busca gato para mascota, no para casarme con ella.


martes, 20 de octubre de 2009

El Coleccionista de Nombres

Los nombres siempre me han intrigado, sobre todo los femeninos. Por eso siempre quise tener muchas hijas, para ponerle a cada una uno diferente. Lástima que dios solo me quiso dar una. He pensado en inseminación artificial, e incluso en adoptar una. Pero he descartado ambas ideas por ser muy caras. (Sobre todo la inseminación: ¡Si supieran lo difícil que es conseguir un vientre estos días! ¡Y no culparía a las mujeres si lo vendiesen caro, con el trabajo que cuesta dar a luz a un chiquillo después de haberlo cargado 9 meses sin descanso!) Además, en mi posición solo me puedo dar el lujo de mantener una. ¡No es como si fuera un rey persa para tener un harén de hijas!

Así me resigne con la única que tengo. Aún no decido si ponerle Sofía, "la sabia". O Samanta, "la que sabe escuchar". Seguramente mi hija será sabia y sabrá escuchar muy bien. He pensado también en ponerle Valeria "la fuerte y valiente", pero estoy seguro que también eso será mi hija cuando crezca.  Alguien alguna vez me recomendó que le pusiera Paulina "la pequeña", o sino Tania "la bella princesa". Y por si acaso ninguno de ellos me gustara, me dijo que le podía poner Priscila "la venerable".  Pero mi hija será tan grande que con un solo nombre no tendrá para que la describa, así que he decidido ponerle todos.


Me ha dicho la encargada del registro civil que no puedo ponerle tantos nombres a la pobrecita criatura: "¡Imaginese usted el trabajo que le dará llenar formatos con seis nombres y un apellido de tres palabras!"

El Acosador

Iba yo en mi autobús de regreso a casa. En el compartimento del chofer sonaba la radiodifusora local; con todo y sus jingles alocados. Advertí que esta era la hora en la que muchos estudiantes regresaban también. Por lo menos la mitad del pasaje en el vehículo en el que iba llevaban uniforme de alguna clase. (No era tan sorprendente tomando en cuenta que no eramos más de 10 personas.) Cuando el camión se iba acercando a la esquina en la que tenía que bajar, tres chicas impacientes se levantaron de sus lugares y recorrieron el pasillo hasta el final sin importarles que el camión aún estuviera en movimiento. Entonces me quedé sentado, esperando tranquilamente a que ellas se encargaran de detener el autobús por mí.

     Distraje mi mirada por la ventana cuando el carro comenzó a disminuir su velocidad, entonces (y solo entonces) comencé mi ceremonioso paseo hasta el final del pasillo. Bajé de un brinco los tres escalones y comencé a viajar en la misma dirección que mis compañeras. Una de ellas terminó su paseo justo a la mitad de la cuadra, debajo de un almendro que sombreaba dulcemente la banqueta. Las otras dos -que debían ser compañeras de escuela, ya que llevaban el mismo uniforme- siguieron su caminata calle arriba. Al ser esa misma la dirección a la que me dirigía, me vi obligado a seguirlas.

     Las noté exageradamente serias, y supuse que era solo la situación que las mantenía calladas, ya que pareciese como sí sospecharan algo de mí. Sus pasos eran muy cortos, como si quisieran que yo las arrebasara. Pero por desgracia, sus cuerpos ocupaban toda la banqueta, y yo no estaba dispuesto a entrometerme en el camino de los carros solo para que ellas dejasen sus sospechas a un lado. Así continuamos dos calles más, y yo rogaba a dios por que ellas se voltearan hacia cualquiera de las calles perpendiculares y siguieran su camino por ahí. Pero no fue así, continuamos algunas cuadras más en la misma incomoda situación en la que, para ellas, yo era el malo. No se atrevieron a voltear por nada del mundo, y yo traté de evitar alguna mirada furtiva que pareciera que sentía interés por ellas. Sabía que cualquier interés de mi parte sería tomado a mal, así que comencé a convencerme a mí mismo de que no las iba siguiendo, sino que por algún extraño azar del destino nuestros caminos coincidieron.

     Llegamos entonces al lugar en el que tenía yo que cruzar la calle. Paré en seco, volteando através de la calle. Pude imaginar sus rostros de alivio mientras continuaban su viaje calle arriba.

domingo, 18 de octubre de 2009

No Quiero Vivir Así

Dedicado a mi amiga Gracia que sé cuanto le gustan mis cuentos.

Mi cuerpo estaba tan ensimismado que ni siquiera podía temblar del miedo. Sentía el rostro helado, debido a que la sangre se me había ido a los pies. Mis manos también se sentían heladas mientras las usaba para estrujar las de mi compañero de raite. No se como me convencieron de subirme a esta cosa. El tipo que nos había acomodado me asustó diciendo que el tubo que me sostenía estaba medio flojo, y mis compañeros empeoraron mi estado al echarse areír. Creo que el publico jamás habia visto chica más asustada.

De pronto el apartamento en el que estábamos sentados se detuvo en lo más alto, ofreciendo un verdadero espectáculo de luces a nuestra vista. Por un segundo, mis miedos se disiparon y mi estomago dejó de revolverse. Pero, sin previo aviso, dimos un bajón repentino que asustaría hasta al mas valiente. Comencé a gritar de nuevo a causa de la sorpresa. Volteé y al ver que mi amigo al que sostenía la mano estaba distraido, le grité que se volteara y me mirara a los ojos. Él obedeció mientras estrujaba mi mano y me dedicaba una mirada erxtraña. No podía dejar de gritar cada vez que bajábamos y subíamos. Esto ya estaba durando demasiado.

Poco a poco, el juego comenzó a frenar sus caídas hasta que por fin llegó a un estado de reposo total. Me bajé corriendo como pude. ¡Jamás me iban a convencer de subirme a ese juego del demonio otra vez!

sábado, 17 de octubre de 2009

El Misterioso Caso de las Alas al Revés.

Encontré en mi oficio un oficio muy bueno. Reparando alas he aprendido su funcionamiento. Conozco cada palmo de su estructura, conozco cada una de las medidas desde la punta de la pluma más alta hasta el lugar donde se unen con la espalda. Conozco de memoria cada uno de los colores de los que se puede teñir. Desde ese blanco mate hasta aquel pardo grisáceo. Conozco muy bien las plumas que la conforman. Conozco el material de cada una de sus hebras.

     Pero nadie nunca me había traído un espécimen tan raro como este. Las alas parecieran que están al revés. La pluma que debería encabezar la estructura esta ahora pegada a la espalda; y la ancha columna de material que se supone va ahí, está ahora al aire, tratando de sostenerse en alto. El color es también algo extraño para mí: pareciera tener un tono verdacho como el del musgo que se arremolina en las orillas de un río.

     Definitivamente este será un gran descubrimiento. Pasaré de ser un simple artesano a un científico renombrado. Escribiré libros sobre la estructura de las alas. Y nadie criticara mi autoridad en cuanto a este tema se refiere. Ahora podré darle a mi mujer la vida que se merece. Podre comprarle ese abrigo de piel de oso que siempre me ha pedido. De ahora en adelante viviremos como reyes.

     “Venga usted para acá” Ordeno al desdichado dueño de las alas al revés. Él obedece inmediatamente me da la espalda enseñándome su deformidad. Al darse la vuelta, me llega una ráfaga a la cara provocada por el batir de sus alas, y con ello un olor maravilloso. Jamás había oído de alguien que se perfumara las alas.  “Que ha hecho usted con esto” Le pregunto refiriéndome al olor. “Nada, así huelen desde que nací.” Responde él tranquilamente. Mi sorpresa crecía a cada momento.

     Comienzo a examinarlas de más cerca, acariciándolas suavemente con mis manos desnudas. Escucho una pequeña risa contenida de mi cliente. “Hace cosquillas.” De pronto encuentro una herida situada justo en el eje axilar formado por el ala y la espalda. Un orificio muy extraño del cual emana un líquido viscoso parecido a la sangre. Lo presiono para ver hay alguna reacción, mas mi cliente sigue tan tranquilo como cuando llegó. “¿Se ha dado cuenta usted que tiene una herida?”. “¿Una qué?”. De pronto las puntas de mis alas se vuelven muy pesadas como para sostenerlas.  Comienzo a sentir un cosquilleo en mi espalda, como si una bala hubiera penetrado  y ahora la sangre chorreara.  Miro a las alas de mi cliente entre mis manos: Parecen normales; ningún signo de deformidad. No quisiera imaginarme de que color estarían mis alas en ese momento.



martes, 13 de octubre de 2009

Extracto de Mi Diario

Martes, 13 de Octubre

Esperaba ya mi camión como era mi costumbre. Una tal ruta 9a. Estaba sentado en la banca junto a la banqueta, leyendo un libro. Al parecer mi salida coincidió con la de los estudiantes pues había varios de ellos platicando ruidosamente alrededor mío. De pronto, una chica con unos palillos orientales rojos en el pelo se acerco y se sentó junto a mí. Callada. Yo quité mis audífonos por respeto. He aprendido que si tienes los audífonos puestos en un lugar publico la gente tiende a no hablarte. Y yo en ese momento estaba ávido de conversación.

     Noté que la chica tenía los ojos rasgados, como si de una oriental se tratase. Continué leyendo mi libro tranquilamente. Pensando en mi interior una forma de entablar conversación. Después de un rato, para mi deleite, ella rompió el silencio preguntándome que qué leía. Le enseñe la portada del libro al tiempo que decía: "Pedro Paramo. ¿Has oído hablar de él?" Ella me contesto afirmativamente. Al parecer ella también lo había leído. Me pregunto que si me lo habían dejado de tarea o era por puro placer. Le replique con señas que era por gusto. En ese momento, y para mi desgracia, llego mi ruta. Me puse en pie y vi que ella hizo lo mismo. ¿Así que nos iríamos en la misma ruta? ¡Esa era una tremenda oportunidad para hacer platica! Cuando hube subido y pagado mi pasaje, me di cuenta que la chica se me había perdido entre la multitud. De pronto la divisé sentada en una de las butacas del lado izquierdo. Así, me acerqué y me planté junto a ella. El camión iba tan repleto de gente que parecíamos sardinas empacadas; sardinas con muchisimo calor. Pude ver que sacaba un libreta de su mochila y se ponía a leerla. Sentí un poco de curiosidad por ver que leía, pero mi sentido del respeto me mantuvo con la vista aparte.
  
     De pronto, vi como una mano se tendía hacia mi, con una moneda en ella. Comprendí inmediatamente que quería que la llevara al conductor, y así lo hice. Regresé como pude entre el gentilío, y me volví a plantar en el lado izquierdo de la muchacha. De pronto, al ver su cuaderno y sentir la pluma que traía en mi bolsillo una idea estupenda cruzó mi mente. Toqué suavemente su hombro con mi mano para hacerla voltear. Cuando la muchacha hubo volteado le pedí cortésmente un pedazo de papel. Ella aceptó después de pedirme que le repitiera mi petición. Entonces comencé a temblar mientras mi mano alcanzaba mi bolsillo por la pluma. Tomé el pedazo de papel e intenté escribir en él, mas no pude escribir muy claramente por los tumbos que daba el camión al avanzar. Cuando hube terminado lo que escribía, el papel se veía algo como esto:

Gonzalo
312 177 6589

     Doblé el papel lo mas que pude y lo sostuve entre mi puño cerrado. Al ver que el camión se acercaba a mi parada, llamé una vez más a la chica y le entregué el papel. Acto seguido: encontré mi camino entre la gente. Tuve que gritar que se esperaran pues al parecer el camión estaba a punto de partir de nuevo y yo no acababa de bajar. Ese corto grito muy característico de este tipo de situaciones: "¡Bajan!". Una vez bajé del camión comencé a caminar calle arriba sonriendo. Eché un vistazo a al camión para ver si la chica de los palillos me estaba mirando, aún extrañada por lo que acababa de hacer. En vez de eso solo la vi con la mirada hacia abajo, como si estuviera tratando de entender lo que había escrito. O tal vez solo estaba muy apenada como para mirarme.


sábado, 3 de octubre de 2009

Un Millon de Veces


Foto por: clarapeix


Primer Acto

-Quieres ser mi novia?- Dijo el chico, titubeando, mientras recogía el lápiz de su compañera que había caido al suelo.

-Sí- Respondio ella sin demora; como si estuviera esperando aquella pregunta desde hace mucho. El chico enrojeció. No creía que ella se lo fuera a tomar en serio.

"Ahora que hago?" pensó para sí mismo. "Ya sé! Ando con ella una semana y luego la corto. Así no se sentirá mal al enterarse que solo era una broma."

La campana sonó y todo mundo comenzó a salir apresuradamente del salón.

-Nos vemos, novio- Dijo la niña mientras recogía sus cosas y salía del salón. El chico aún seguía paralizado con una rodilla en el suelo. Había adoptado esa pose para recoger el lapiz y ahora le resultaba tremendamente dificil enderezarse.

Su rostro parecía enfocarse en algo que pasó hace mucho.Como si solo su cuerpo inherte se mantuviera alli y su mente estuviera divagando en otro lado. O en otro tiempo. Como si nadie estuviera en el mundo mas que los personajes de su sueño. Soñaba despierto, y dormía mientras se encontraba solo en el salón.

Segundo Acto

-Jamás te dejaré. Algun día nos casaremos  y traeré el pan a tu mesa, ya lo verás.- Decía el chico tiernamente a su novia. Habían pasado ya seis meses desde el incidente del lapiz. Lo que en un principio fue, para él, una broma se había convertido en su vida entera.
-¿Si te casarías conmigo?- Pregunto mientras se apartaba de ella mirandola enamorado.

La chica solo se limitó a sonreir ante tan increible proposicion. Ella no estaba lista para hacer planes aún. Habia pasado por esto miles de veces antes. Sabía por experiencias pasadas que era mejor vivir en el momento. Uno no debe apresurarse. O podrían llegar profundas decepciones en el futuro…

Tercer Acto

-Te quiero…- Dijo el chico con una sonrisa. Aquella que se fue desvaneciendo poco a poco al no encontrar respuesta. Las palabras se perdieron en la negrura de la noche para no volver jamás. ¿Que había hecho mal? Aún no lograba comprender. Si él le dió todo. ¿Por que ella se comportaba así?

Los problemas habían comenzado. Ella estaba confundida, hastíada de la relacion, se había hartado de la avidez con la que su novio decia las cosas. Creyó que lo mejor sería terminar, pues no podía seguir con una persona así de dependiente. Simplemente era un problema.

Tal vez el chico tenía sus defectos, pero eso era algo que se podía resolver. Tal vez él podría llegar a ser lo mejor que se encontrara jamás. Ademas, la quería mucho y la cuidaba como si fuera la ultima rosa en su jardín. ¿¡Que más podria pedir alguien de un novio!?

Cuarto Acto

Despues de un mes, las cosas cambiaron: ambos crecieron, ambos amaron, ambos lloraron. Despues de treinta días que les parecieron eternos, ella se sentía suficientemente madura como para arreglar las cosas.

Decidió visitarlo en el aula en la que debería encontrarse al final de clases. Recordaba muy bien el asiento en el que el se sentaba. ¡Como olvidar aquél lugar en el que se hicieron novios!

Al atravesar la puerta y ver el pupitre vacío temió lo peor. Comenzó a buscarlo con la mirada con la desesperación que una madre busca a su hijo perdido. ¡No podía haberla abandonado!

Lo encontró por fin, arrodillado frente al pupitre de una compañera. Le oyó pronunciar las palabras que más la harían retorcerse de dolor. Un dolor en el corazón y un vacío en el estomago. Ese nudo que es causado por una angustia terrible. Justo antes de que la campana que anunciaba el fin de las clases, le oyó decir:

-¿Quieres ser mi novia?-

FIN


miércoles, 16 de septiembre de 2009

Amor en Tiempos de Guerra

-Siempre estaré contigo, mi amor. Tu eres lo mas preciado que tengo ahora. Y no te cambiaría por nadie.-
Dije una vez a valeria.Sus mejillas tornaron a un color rosado.
-Gracias- Dijo entre risitas nerviosas. - Yo también te querré por siempre.-
Dejó en el buró el libro que había estado leyendo. Se paro de la mecedora y me dio un tierno beso en los labios. Los sentí fríos, como si hubiera tomado agua helada. Me pareció muy tierno de su parte.
-Bueno- Dijo después de resollar como si el estar sentada leyendo le hubiera cansado tanto como una caminata de tres kilómetros. -Tengo que volver a mis deberes como ama de casa.-
-Si- Contesté sin dejar de mirarla. La seguí con mis ojos hasta que hubo salido de la sala. Entonces me dispuse a leer el correo.
Mientras leía, mi mente empezó a divagar sobre nuestra relación. Ella una chica de clase acomodada, con apenas 17 años y medio de edad. Era una niña de estatura baja, y ella siempre lo había atribuido a la labor de parto de su madre, ya que había tenido que dar a luz a los 7 meses de embarazo. ¡Si hubiera nacido normal, yo sería unos meses mas chico que ella! Yo, era un muchacho de una familia aristócrata de México (Antes, la Nueva España) era muy culto para mi corta edad y tenía un futuro comprometedor.
Esto me valió para comprometerme con Valeria. Su padre y el mío se habían conocido en los negocios de ganadería. Los dos habían acordado nuestra boda. Antes de conocernos, ambos estábamos renuentes de tal casamiento. Pero, al conocernos y hacernos novios, nos enamoramos irrevocablemente del otro.
Llevábamos 3 meses de novios y nuestra boda estaba acordada para cuando ambos cumplieramos 18. Yo contaba los días para nuestra boda, ya que encontré en Valeria a la chica con la que seguramente quería pasar el resto de mi vida. Era muy afortunado en que nuestros padres hubiesen arreglado la boda. ¡Sería muy feliz!
Mis pensamientos fueron distraidos por una muy peculiar carta de sobre rojo y con el emblema de la República de Santana en la parte de atrás.
Rápido se la lleve a mi padre creyendo que sería un asunto para él. La leyó y me dijo:
-Esto debería concernirte mas a ti, yo ya estoy muy viejo para esas cosas.-
Lo mire un poco extrañado mientras tomaba la carta de regreso de su manos. ¿A que se refería con "Esas cosas"?
Abrí de nuevo la carta y comencé a leerla. Era una carta incitando al pueblo a unirse a las fuerzas de Santana contra los Franceses. Al parecer algunos Franceses que vivían en México habían exigido al gobierno que se les pagara los daños ocasionados por las pandillas y la corona Francesa había declarado la guerra cuando Santana se opuso a pagar tal cantidad de dinero.No se por que eso habría de concernirme a mí.
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-Cullum no Bellum*- Me dijo Valeria entre dolorosas lágrimas y sollozos.
-Lo sé pequeña pero, esto sera lo mejor para los dos.- O eso esperaba, al menos.- Además solo iré como negociador, no hay tanto riesgo en eso. ¿O si?
-Uno nunca sabe- Dijo sosteniendo un sollozo con mucho esfuerzo.
Yo me acerqué y besé su mejilla suavemente. Mi lengua saboreo sus lágrimas, lo mas salado que había probado en mi vida.
Sabía que esto le iba a doler, pero ya no podía retractarme o sería fusilado por deserción. Quién sabe, tal vez si tenía suerte pudiera obtener un alto rango en el cuál no tuviera que arriesgar mi vida.
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Me habían asignado a un regimiento en la la ciudad de Veracruz, la mayoría de mis compañeros en el pelotón eran mozos y gente de poco dinero. Todos se sorprendían de que un muchacho con la vida resuelta como yo me hubiera enlistado en el ejercito. Al principio pensaron que me habían traído a fuerza de una Leva*.

La comida que daban en el ejercito era realmente asquerosa. Lamentablemente era eso o no comer.
Un  día mientras estaba comiendo en el campamento me llamaron.
-Tienes que llevar un mensaje a los Franceses- Me dijo mi superior.
Seguramente esto sería peligroso. Me encomendé a Dios como todo buen católico y me puse en marcha.
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¡La guerra había sido un éxito! México y Francia habían aocrdado la paz, y tras muchos días dificiles en batalla, regresaba a casa. ¡Por fin podría casarme con Valeria!
Al llegar a casa de sus padres, pude divisar un moño negro en la puerta, pareciera que alguien de la casa había muerto. Seguramente había sido su abuelo, ya que estaba ya muy viejo y enfermo.
En el instante en el que entré, vi como la hermana menor de Valeria se me abalanzaba con lágrimas en los ojos. Me abrazó tan fuerte que casi no me dejaba respirar.
-¿Que pasó?- Le pregunté.
- Es valeria…- Me dijo sin contener una sola lágrima. -La mataron los soldados Franceses.-


viernes, 11 de septiembre de 2009

La Academia


Foto por carlosjmartin

Estaba tan emocionado por que ese sería mi primer día en la academia; un pequeño internado situado en el centro de la ciudad. Era una escuela muy grande: tenia muchos cuartos, varias salas comunes, e incluso Internet inalámbrico. Podría quedarme ahí para siempre. Por fuera parecía como cualquier otro aburrido internado. La entrada principal era un enorme portón negro con una pequeña puerta por donde se entraba y salía en periodo de clases. Hoy, por ser el día en que todos los estudiantes llegaban, mantenían el portón abierto.
Había llevado a mi novia Valeria a conocer el lugar. Ella también quedó maravillada  con el lugar. Todo el tiempo estuvo diciendome que sería feliz viviendo ahí conmigo.
Cuando se hizo hora de bajar mis maletas e ir a instalarme ella no me pudo acompañar, ya que a mi dormitorio no se le permitía entrar a las mujeres. La dejé con un amigo suyo mientras yo me instalaba. Me habían dicho que iban a ir a la tienda a comprar algo; la verdad no recuerdo qué, golosinas seguramente.
Baje mis maletas de la van y me dirigí directamente a mi cuarto. Al pasar através de la sala común, encontré a muchachos de mi edad muy entretenidos: algunos con juegos de mesa y otros jugando Guitar Hero en la consola. Al llegar a mi cuarto me encontré con un anciano recostado en la cama que estaba justo al entrar en la habitación. El viejo estaba platicando con un muchacho menor. Le contaba historias sobre su juventud y sobre como había ganado un record Guiness haciendo bombas con chicles. Debería ser su abuelo seguramente.
Yo tiré mis maletas con alivio y comencé a desempacar. Saqué cuidadosamente mi ropa y la doblé en el baúl que estaba al pie de mi cama.
-¿Cansado muchacho?- Me preguntó el anciano. Había dejado de contar historias al chico que tenía a su lado para hablarme a mí.
-Algo, el viaje fue muy pesado- Le contesté cortésmente.
- Lo bueno que lo pasaste junto a tu novia ¿verdad?-
-¿Usted como sabe que vino mi novia?- La curiosidad me invadió, y seguramente el se dió cuenta.
-Vi como la besabas al bajar de la camioneta- Dijo el anciano entretenido con un periódico que tenía en sus piernas.
-Ah- Dije.
Cuando hube terminado de desempacar y de instalarme, me dirigí hacia la puerta entusiasmado por verla de nuevo.El anciano me dirigió una mirada curiosa y me dijo:
-¡Chico! ¿No te gustaría oír mis historias?-
-Ahora no señor.- Le conteste en tono amable. - Tal vez luego-
El anciano alzó sus hombros en tono de resinación y dijo:
-Será otro día entonces-
Me dirigí hacia la sala común donde los muchachos aun seguían entretenidos en la consola. La crucé sin mirar a nadie y luego salí del campus.
Al pasar por el portón un mal presentimiento cruzó por mi mente, como si algo malo le fuera a pasar a mi chica. Comencé a recorrer la acera con un paso apresurado. En el camino, me encontré con mi mejor amiga que estaba muy entretenida hablando con unos muchachos. Ella era la responsable de que Valeria y yo nos conociéramos. A la que le debía todo.
-¿Que tal?- La saludé.
-¡Hola Gonzo!- Me dijo emocionada.
-¿Como has estado?-
-Muy bien ¿Y tú?-
-Desde que tengo a Valeria no puedo quejarme.-
-A propósito de ella. La vi tomando y creo que se emborrachó- Noté un signo de preocupación en su voz.
En ese momento temí lo peor y comencé a correr por la acera. Sabia que Fercho no era alguien de confianza si Valeria estaba ebria. Mi corazón comenzó a latir con tal fuerza que empecé a respirar muy mal. Mi respiración entrecortada apenas me permitía correr. Y la preocupación empeoraba mi estado. No podía permitir que él le hiciera algo a Valeria. Jamás me lo perdonaría.
Corrí como nunca en mi vida. Mi prima me saludo desde su camioneta pero yo estaba tan preocupado que le hice caso omiso. Lo único que  había en mi mente entonces era salvarla.
Cuando por fin llegué, ella estaba, en efecto, muy ebria. Apenas podía caminar y estaba muy eufórica. Ella y Fercho reían a más no poder. El estaba sobrio y la ayudaba a levantarse cuando se caía.
Cuando Valeria vio que me acercaba le dijo a a Fercho con un aire de desprecio hacia mí:
-Ash, ya vámonos. Se nos arruino la fiesta.-
-Claro- Dijo el ayudandola a entrar en su camioneta.
-¡Valeria!- Grite desesperado.
-¿¡Que!?- Jamas la había visto tan enojada, mucho menos conmigo. Conmigo siempre había sido dulce.
-¿A donde vas?-
-Ash- Pareciera que le molestaba mi presencia.
-Que te importa!- Me replicó enfadada.-Vámonos Fercho-
-No te vayas por favor!- Le dije tomándola delicadamente del brazo.
-¡Sueltame!- Me grito al mismo tiempo que se sacudía para liberarse.
-¡No vayas!-
-¡Ash, solo es una mojadita!-

jueves, 10 de septiembre de 2009

Kijjj


Foto por Darko

-Kijjjjjjjj- La niña no déja de hacer ese ruido infernal que perfora mis tímpanos. No importa lo que le diga. No importa lo que haga. Ella sigue haciéndolo, nada puede callarla. Kijjjjjjjj. Kijjjjjjjj. Repetía sin cesar. Lo hacia hasta que sus mejillas de ponían rojas del esfuerzo. Kijjjjjjjj.

-¡Deja de hacer eso!- Le ordeno efusivamente. Mis palabras se pierden entre sus kijjjjjjjj como una hormiga se pierde al entrar a un hormiguero. Ya no aguanto más ese ruido del demonio.

-Kijjjjjjjj.- Es su respuesta.- Kijjjjjjjj-

Ni mi cuerpo ni mi mente aguantan más. Tengo que detener ese ruido que pareciera apuñala mi cabeza. Kijjjjjjjj. La tomo entre mis brazos y cubro su boca con mis manos.

De pronto el ruido se detiene. Mi cuerpo encuentra la paz después de tan estresante situación. El silencio me envuelve de nuevo. Mis ojos cerrados. Poco a poco mis manos, que cubrían su boca, se relajan, fruto del delicioso silencio.

Escucho un ruido de algún objeto pesado cayendo al suelo con tal estruendo que logra perturbar mi profunda meditación. Fuese lo que fuese, no importa. Encuentro mi felicidad en el silencio absoluto, y nada mas importa. Nada.

De pronto mi alma comienza a tiritar. Un escalofrío recorre mi cuerpo. Otra vez escucho ese sonido del demonio. Kijjjjjjjj, kijjjjjjjj. Poco a poco se va haciendo más y más fuerte. Kijjjjjjjj. Kijjjjjjjj. Pareciese estar dentro de mí. Venir de mis adentros. Como si mi conciencia fuese la que hablase.
Kijjjjjjjj. Kijjjjjjjj

martes, 8 de septiembre de 2009

El Amante


                                                                       Foto por eduardomeza

Todo comenzó como empiezan este tipo de historias. Ella, una excentrica mujer casada desde muy temprana edad por presion de sus padres. Rica y atractiva como era, ningun hombre podía verla y no desearla.

Tal vez solo uno. Se veía con el todos los miercoles para besuquearse entre los arbustos del parque. Esos eran sus días mas felices. Podía olvidarse del marido y estar con quien amaba. Aquel buen mozo que la respetaba y la trataba bien siempre. ¡Y es que en verdad lo amaba!

Cierto día, él decidió ponerle fin a todo esa absurda situación. Se había hartado de de tener miedo cada vez que alguien se asomaba al parque. Ya se había cansado de verle la cara al marido. Así que hizo lo único que podía hacer un hombre en su situación.

-Escapate conmigo- Le dijo.
-A donde iremos?- Replico ella preocupada.
-A un lugar donde no tengamos que escondernos- Fue su respuesta.
-Pero sé que mi marido seguro nos encontrará.- Dijo muy tranquila mientras se recostaba en su pecho.
-Iremos a un lugar donde le sea imposible. Iremos a otro país.-
-No importa. El nos seguirá.- Su mirada perdida.
-¡A otro continente entonces!-
-No importa a donde sea, tomara un barco o un avion si es necesario, pero nos seguirá.-
-¡A otro mundo entonces!-
-¡Aun así nos seguirá!- Se estaba cansando de repetirlo.

Él la tomo de los hombros y la separo de sí para poder verla a la cara.

-¿Pero como puede ser que a donde quiera que vallamos nos siga?-

Ella le regreso la mirada, irritada.

-¡Por que tú eres mi marido! ¿Es que no lo entiendes?-