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martes, 20 de octubre de 2009

El Coleccionista de Nombres

Los nombres siempre me han intrigado, sobre todo los femeninos. Por eso siempre quise tener muchas hijas, para ponerle a cada una uno diferente. Lástima que dios solo me quiso dar una. He pensado en inseminación artificial, e incluso en adoptar una. Pero he descartado ambas ideas por ser muy caras. (Sobre todo la inseminación: ¡Si supieran lo difícil que es conseguir un vientre estos días! ¡Y no culparía a las mujeres si lo vendiesen caro, con el trabajo que cuesta dar a luz a un chiquillo después de haberlo cargado 9 meses sin descanso!) Además, en mi posición solo me puedo dar el lujo de mantener una. ¡No es como si fuera un rey persa para tener un harén de hijas!

Así me resigne con la única que tengo. Aún no decido si ponerle Sofía, "la sabia". O Samanta, "la que sabe escuchar". Seguramente mi hija será sabia y sabrá escuchar muy bien. He pensado también en ponerle Valeria "la fuerte y valiente", pero estoy seguro que también eso será mi hija cuando crezca.  Alguien alguna vez me recomendó que le pusiera Paulina "la pequeña", o sino Tania "la bella princesa". Y por si acaso ninguno de ellos me gustara, me dijo que le podía poner Priscila "la venerable".  Pero mi hija será tan grande que con un solo nombre no tendrá para que la describa, así que he decidido ponerle todos.


Me ha dicho la encargada del registro civil que no puedo ponerle tantos nombres a la pobrecita criatura: "¡Imaginese usted el trabajo que le dará llenar formatos con seis nombres y un apellido de tres palabras!"

sábado, 17 de octubre de 2009

Hector y Barra

Tenía un compañero llamado Hector Ibarra. Un día, el profesor se equivocó y le puso falta a barra.

-Hector
-Presente
-Y barra
-...


martes, 8 de septiembre de 2009

El Amante


                                                                       Foto por eduardomeza

Todo comenzó como empiezan este tipo de historias. Ella, una excentrica mujer casada desde muy temprana edad por presion de sus padres. Rica y atractiva como era, ningun hombre podía verla y no desearla.

Tal vez solo uno. Se veía con el todos los miercoles para besuquearse entre los arbustos del parque. Esos eran sus días mas felices. Podía olvidarse del marido y estar con quien amaba. Aquel buen mozo que la respetaba y la trataba bien siempre. ¡Y es que en verdad lo amaba!

Cierto día, él decidió ponerle fin a todo esa absurda situación. Se había hartado de de tener miedo cada vez que alguien se asomaba al parque. Ya se había cansado de verle la cara al marido. Así que hizo lo único que podía hacer un hombre en su situación.

-Escapate conmigo- Le dijo.
-A donde iremos?- Replico ella preocupada.
-A un lugar donde no tengamos que escondernos- Fue su respuesta.
-Pero sé que mi marido seguro nos encontrará.- Dijo muy tranquila mientras se recostaba en su pecho.
-Iremos a un lugar donde le sea imposible. Iremos a otro país.-
-No importa. El nos seguirá.- Su mirada perdida.
-¡A otro continente entonces!-
-No importa a donde sea, tomara un barco o un avion si es necesario, pero nos seguirá.-
-¡A otro mundo entonces!-
-¡Aun así nos seguirá!- Se estaba cansando de repetirlo.

Él la tomo de los hombros y la separo de sí para poder verla a la cara.

-¿Pero como puede ser que a donde quiera que vallamos nos siga?-

Ella le regreso la mirada, irritada.

-¡Por que tú eres mi marido! ¿Es que no lo entiendes?-